martes, 27 de junio de 2017

MINATURA 155





  Este cuento mío fue publicado en la revista digital Minatura 155, dossier Científicos locos, tanto en castellano como en inglés. El blog literario Revista Azahar lo seleccionó y publicó en sus páginas también.

DE CARNE Y HUESO

Le parió la vida en un verbo, como si tuviera prisa ella. El día que su madre seducida abusó de la presencia de los monstruos vino al mundo la criatura.

  Nació pelele y con tres patas, abrochado, cada ojo de un color, manos de musaraña y algo orejudo. Dotado de la capacidad asombrosa de admitir genes de tres padres. Una mierda, una puta mierda de las que se pinchan en un palote. Lo más parecido a un producto ofertado en la sección perfectos desperfectos de objetos imposibles. A medio camino entre pegote y zote, decían, vivió aquejado del síndrome de  la madre que le parió. Necesitado de un alivio lo mismo usó un torpedo que un supositorio. Su venida incluyó previsiones futuristas aterradoras. De tal engendro se contaban historias de esas que impiden dormir. Dentro de la comunidad pseudocientífica, incapaces de diferenciar una probeta de un orinal, se debatió sobre clasificarle o no entre las especies de seres vivos. ¡Está loco! ¡Está loco!, afirmaban los mismos locos del gremio cuando anunció que era científico.
    Pero aquella contrahecha aberración seguía orientando la mirada al infinito queriendo atrapar el horizonte, ya que, aunque su mundo era de allí, llegó dispuesto a salvar a los de aquí. Trabajó duro. En su rústico laboratorio circularon por doquier formularios cada vez más próximos a los orígenes humanos y la postulada inmortalidad de la raza. Teorizando entregado a la causa estudió nomenclaturas, cotejó algoritmos, abundó en argumentos, elaboró tesis ignoradas y halló la fórmula —no faltó quien dijo luego que de pura chiripa—. Y claro que se equivocó. se equivocó mucho, lo cual abonaba el terreno a sus férreos detractores. Cuando la noticia de sus avances saltó a los medios hubo controversia. Nunca llegó el consenso. Alegando algunos que era una antropomáquina espía le tarazaron. Demasiado tarde, destruidos los valiosos vademécums ya, constataron que tenía corazón. Y su cerebro aún se conserva en formol.

Mari Carmen C.


2 comentarios:

  1. ¡Hola! Este relato lo leí en la revista. Una historia tanto impactante como melancólica.

    Un abrazo.

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  2. Hola compañera, ¿no te has planteado escribir un libro? Bueno, como nos estamos conociendo,en realidad no sé si ya lo tienes, pero talento, desde luego, te sobra.

    Un abrazo,
    EVA.

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